Nos acercamos al final de la aventura, y por lo tanto al segundo plato fuerte de la experiencia, tras haber pilotado el F1…y no fue otra cosa más que subir en un F2 biplaza que conducía uno de los pilotos profesionales. Me dio 2 vueltas al circuito a toda pastilla, y os puedo decir que hubo momentos en los que no veía el asfalto, de lo rápido que iba, de verdad, en las curvas terminé zarandeado totalmente contra las paredes de mi habitáculo, de hecho tengo dos moratones enormes en mis brazos, y la curva rápida del circuito que los tíos pasaban en sexta, parecía que la cabeza te salía volando y que el cuello no podía sujetarla, fue impresionante y superdivertido, ahí que ver como atacaban las curvas estos tíos. Pero os recuerdo que esto era un f2 de 200 caballos, no quiero saber lo que podrían hacer con el F1 de 700 caballos que nos dejaron antes….

Pues he llegado ya al último capítulo en el que os dejo una curiosidad. El equipo Renault, tiene una maquinita muy peculiar. Consiste en un cuadrado de unos dos por dos metros. En él se disponen unos discos del tamaño de la palma de la mano en una disposición de 4 columnas por 4 filas. Esto está en una habitación oscura, y cuando le das al botón de empezar, se ilumina uno de los discos, y el juego consiste en presionarlo para que se apague, momento en el que se enciende otro y así continuamente durante 60 segundos: gana el que obtenga más pulsaciones. Pues bien los del Renault montaron un concurso y adivinar quien lo ganó quedando por delante de los 25 europeos invitados al evento? Pues claro que yo, ja ja ja, ahí teneis la foto de la entrega de mi premio










